Europa, el puzzle que no encaja – Ricardo López Helguera

En una sociedad como la actual, en la que la transformación digital está cambiando constantemente el mundo en el cual vivimos, es de vital importancia subirse al carro de la economía digital. Debido a su velocidad de transformación, la economía digital  es un tren de alta velocidad sin paradas en el que sólo te puedes permitir viajar en la  locomotora para no quedar rezagado.

Citando al economista austriaco Joseph Alois Schumpeter  (principios del siglo XX): “la innovación, en cualquiera de sus diversas formas, es el principal motor del  crecimiento económico sostenible”. Esa innovación en nuestro tiempo no es otra  que la transformación digital, la cual produce una “destrucción creativa” que va  reestructurando la economía global: crea nuevas oportunidades de negocio que sustituyen a las tradicionales y desplaza el mercado laboral de un sector a otro  progresivamente.

Al ser la tecnología el actor que está transformando la economía en la actualidad, es  por tanto innegable la necesidad de la posesión de un marco regulatorio equitativo que permita competir en el mundo globalizado que nos propone el siglo XXI.

Este mensaje ha sido entendido por la Comisión Europea, que está estableciendo  las bases del denominado Mercado Único Digital, una alternativa al esquema  entrópico que constituye su economía transfronteriza interna actual.

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